jueves, 27 de julio de 2017

Perdidos en Dunwich

La temporada de verano estaba yendo bastante bien para ser el primer año de los Alojamientos Rurales La Llave y la Puerta. Desde Arkham, Summanus y Set habían logrado hacer una buena campaña publicitaria, y así, la ocupación estaba siendo bastante alta. Pese al infausto pasado de Dunwich y el horror desatado en 1928, tras el cual la comarca se sumergió en el olvido, esa región perdida de Nueva Inglaterra poseía una gran belleza que la hacía muy característica e, incluso, atractiva al público, pese a lo peculiar de la misma.  Lo que más se temían los Pickman es que se convirtiera en un foco de "weird tourism" y aparecieran en masa los buscadores de OVNIS, ocultistas de opereta, teóricos de la conspiración alienígena y, sobre todo, los pesados de la Fundación Albert N. Wilmarth y su obsesión de acabar con las criaturas de lo que ellos llamaban el Ciclo de Cthulhu a base de bombas. Afortunadamente, aunque no se habían librado de ese tipo de turistas, si que aparecía también otro tipo de clientela, interesada en el turismo rural y que quería "descubrir" esos parajes de Nueva Inglaterra tan peculiares y únicos.

Afortunadamente, desde la guerra en Dunwich, la zona había experimentado un renacimiento. Seguía siendo hogar de hippies trasnochados, rednecks endogámicos variados y cultistas de Yog-Sothoth y Tsathoggua. Estos, más preocupados por fornicar con sus dioses y entre ellos, habían dejado que la comarca se hundiera en la decadencia. Sin embargo, con el alzamiento del culto de la Cabra Blanca de Tres Cabezas, avatar de Shub-Niggurath, la Cabra Negra de los Bosques de Un Millar de Retoños, las cosas habían cambiado. Y es que la principal consecuencia de la batalla que se desarrolló en la zona fue la de liberar a las welclones y que estás, junto con su primigenia, Evangeline "Welcome" Parker, se convirtieran en el núcleo de la nueva secta. Como adoradoras de una deidad de la fertilidad y la naturaleza, aunque un tanto peculiar, se dedicaron a iniciar un nuevo ciclo en la zona. Así, comenzaron a establecer la paz, y, con la ayuda de los Pickman de Arkham, se inició la construcción de los Alojamientos Rurales La Llave y la Puerta. Así iniciaron un ambicioso plan para desarrollar económicamente la región y sacarla del pozo en que estaba hundida, al tiempo que protegían su entorno. Así, se inició el ambicioso programa de la Cabra Blanca de Tres Cabezas para aprovechar las posibilidades que ofrecía Dunwich, lo que incluía modernizar de una vez a esos atrasados rednecks y mejorar su calidad de vida. Una de las mejoras que se habían realizado era la de instalar un servicio de autobuses para conectar ese olvidado rincón con Arkham. Dos veces al día dos pequeños autobús unía ambas poblaciones, uno en cada sentido, conducidos por las clones. En caso de emergencia, se podía contar con las capacidades de teletransporte de Buhonera.

Además del servicio regular, los grupos que se alojaban en Dunwich podían contratar el servicio de shuttle por un coste adicional. Fue, precisamente cumpliendo este servicio como empezó todo. Ese día le tocaba a Ruiseñor conducir el autobús, y estaba de los nervios. La welclon, que poseía una excelente voz de soprano, capacidad de lanzar poderosos ataques sónicos y afición por la ópera, estaba enfilando ya el desvío de Dean's Corner  mientras cometía múltiples asesinatos en su mente. Los pasajeros habituales eran habitantes de Dunwich y algún que otro excursionista. En ocasiones se encontraba con grupos de jovenes que querían acampar en Dunwich, o incluso algunos hippies, pero, generalmente no eran muy problemáticos. Los que habitaban la comarca ya conocían a las welclones y las respetaban y los que venían de Arkham, sobretodo si eran universitarios, habitualmente sabían que no era buena idea tocarles las narices a las chicas de los Alojamientos Rurales. No siempre era así, y ellas sabían poner orden cuando era necesario, pero no era muy habitual. Sin embargo, los clientes de la temporada de verano tenían la tendencia a ser particularmente molestos. Parecía que se dejaban el sentido común y la educación en casa. Y, en este caso, se estaban convirtiendo en una auténtica molestia: niños que saltaban en los asientos y gritaban como locos, padres que ignoraban los desmanes de su progenie mientras hablaban de cualquier cosa, pesados que se acercaban a preguntarle todo tipo de cosas mientras ella seguía conduciendo, etc. Por ello, Ruiseñor trataba de mantener la calma y centrarse en la carretera mientras tatareaba La Internacional. Recientemente habían tenido a los morlocks comunistas de maniobras por la zona y a menudo se acercaban al pueblo, por lo que al final se le había quedado la canción de tanto escucharla.

Cuando, finalmente, llegaron al pueblo, Ruiseñor detuvo el vehículo frente al edificio principal de los Alojamientos Rurales La Llave y la Puerta. Había sido construido utilizando como base una de las viejas casas del núcleo de población. Aunque el interior era muy moderno, la arquitectura exterior era de estilo holandés del siglo XVIII, para no desentonar con la zona. Se trataba del edificio donde se encontraba la recepción, el restaurante y 20 habitaciones para los clientes que preferían mantenerse cerca del pueblo. También era donde se alojaban las welclones. Al lado estaba otra casa restaurada que servía como centro administrativo y de mantenimiento, tanto de los Alojamientos como del plan de mejora de la comarca. Ruiseñor, aliviada, informó a los pasajeros que ya habían llegado, y procedió a abrir los maleteros del autobús para que sacaran el equipaje. Mientras la manada de clientes descendía, se dirigió a la recepción para poner sobre aviso a Buhonera, que tenía turno en la recepción. Con una mirada y rápido gesto le indicó que venía un grupo de esos que podían ser muy pesados. Buhonera le guiñó el ojo en respuesta y Ruiseñor volvió a salir para revisar el autobús. Mientras tanto, la welclon morena y con voz de contralto se dispuso a hacer el check-in al recién llegado grupo. En previsión del trabajo que iban a tener al recibir a un grupo, no tardaron en aparecer Eléctrica y Ácida para ayudarla. Y tuvieron mucho trabajo mientras tomaban los datos, repartían llaves y explicaban una y otra vez todo lo que había en cuanto a instalaciones, ubicación de las mismas y lugares emblemáticos para visitar.

Al día siguiente, a primeras horas de la mañana, mientras Tóxica y Ruiseñor desayunaban juntas en el restaurante, se vieron asaltadas inoportunamente. Había que decir que la mayor parte de los huéspedes no se acercaban a menudo al pueblo, se quedaban en sus cabañas y se dedicaban a sus asuntos. Además, el restaurante de La Llave y la Puerta era el mejor sitio para comer a lo largo del día en el decadente y envejecido pueblo. Por ello, junto con la vieja tienda, donde se podía comprar de todo y que, tradicionalmente, se hallaba en el viejo edificio de una iglesia abandonada, era uno de los lugares de reunión de los habitantes de la zona. Debido a que estos eran bastante peculiares (cosas de la endogamia, el aislamiento y el cruce con criaturas que no eran de este mundo, al menos no del todo), los turistas no mostraban demasiado interés en ello, a menos que buscaran lo raro de la región. A causa de esto, las clones gustaban de tomar sus comidas allí. Sin embargo, una pareja del nutrido grupo del día anterior había decidido que quería conocer el "sabor local". Así, viendo a las clones en una mesa devorando sus desayunos, decidieron acercarse a ellas. Ruiseñor, además de estar sumamente dotada para el canto lírico y los ataque sónicos, no se desviaba del modelo estandar, es decir, su primigenia, Evangeline Parker, de quien se tomó el ADN que se usó como base para crearlas. Por ello, su aspecto era el de una joven rubia, atractiva y bien dotada, una WASP que podría ser, pero no era, una Barbie universitaria. Frente a ella, Tóxica poseía la misma figura y apariencia general, al fin y al cabo eran clones, pero su piel estaba moteada con un diseño atigrado amarillo y negro, lo que le daba un aspecto exótico, rematado por los afilados colmillos que mostraba su boca. Con el saludo de los clientes, las dos mujeres se quedaron esperando lo peor. A fin de cuentas, durante su tiempo libre preferían minimizar el contacto con los huéspedes. En este caso se trataba de urbanitas de clase media alta que conocían el campo por las fotos de las etiquetas de los productos y por ser algo que se encuentra más allá de las ciudades.

-Hay algo que nos estábamos preguntando -comenzó a decir la mujer-, ¿cómo es que todas las chicas que trabajan aquí se parecen tanto? Y, por cierto, esos tatuajes atigrados y los colmillos son geniales. ¿Dónde se ha hecho esas modificaciones corporales?

Ruiseñor y Tóxica compartieron una mirada de hastío antes de que esta última respondiera:

-Verá, somos todas clones mutantes creadas en un laboratorio producto de una mente desquiciada que combinó las más modernas técnicas de ingeniería genética con procedimientos arcanos de ciencia alienígena. Este es mi color natural de piel, igual que los colmillos. Además, tengo unas bolsas de veneno que puedo escupir o inyectar con la mordedura.

Tóxica sonrió de oreja a oreja luciendo sus afilados y largos colmillos en un gesto que resultaba particularmente inquietante. Era como ver sonreír a una serpiente venenosa antes de que te muerda. Por ello, los turistas, algo intimidades parecieron dispuestos a emprender la retirada. Sin embargo, no podían marcharse sin más sin antes hacer una última pregunta:

-¿Y qué nos recomiendan visitar por aquí para hacer hoy una excursión?

-Verá señora, estamos desayunando, así que no estamos muy en disposición de atenderla en estos momentos. Si se acerca a la recepción, allí podrán informarla con detalle -respondió una vez más Tóxica.

Ante esta respuesta, la pareja de turistas tuvo que emprender la retirada mientras las dos welclones se dedicaban tranquilamente a acabar su desayuno.


A primeras horas de la tarde, tras hacer el cambio de turno, Ácida, que había estado por la mañana en la recepción, fue, junto con Buhonera, a buscar a Tóxica. Era curioso ver a las dos mujeres juntas, ya que no físicamente no se desviaban apenas del modelo original. Podrían pasar por trillizas si se ponían junto a Evangeline, aunque Buhonera fuera morena en lugar de rubia y Ácida tenía la piel con una extraña textura de aspecto plástico, que era muy resistente a los ácidos. Cuando se juntaron las tres, Ácida explicó el problema: la pareja de turistas particularmente pesados que había importunado a Tóxica y Ruiseñor durante el desayuno no habían aparecido. Si que se habían llevado una cesta de picnic y Ácida les había recomendado alguna excursión interesante por las colinas de Dunwich. Pero le habían dicho que pretendían pasar la mañana fuera y regresar a mediodía. Además, aunque habían tratado de contactar con ellos por teléfono, no lograban hacerlo, pues los tenían apagados. La comarca era mucho más segura y tranquila desde que las welclones se habían puesto al mando de la misma. Siempre había zonas tranquilas, con granjeros que no eran híbridos, simplemente gente de campo, y estaban los hippies, aunque se les olía de lejos por la cantidad de marihuana que fumaban. Pero había otros lugares poco recomendables, aun incluso tras la forzosa paz que impusieron las adoradoras de la Cabra Blanca de Tres Cabezas entre los seguidores de Yog-Sothoth y los cultistas de Tsathoggua. Eso, por supuesto, hablando de las amenazas sobrenaturales. Por otro lado, la orografía de Dunwich tenía también sus aspectos peliagudos. Era el valle superior del Miskatonic, por lo que las colinas abundaban y también algunas quebradas. Y la vegetación, extrañamente lujuriosa y de aspecto poco habitual, podía resultar engañosa, ya fuera por que había algunas plantas venenosas o por ocultar algunos accidentes del terreno. Por ello, decidieron montar un equipo de búsqueda y rescate. Para ello designaron a Tóxica, ya que estaba libre y descansada; a Blindada, por ser la especialista en misiones de rescate y a Cabra Negra, ya que era la que mejor relaciones tenía con los Retoños Oscuros de Shub-Niggurath, en caso de que fuera necesario contar con su ayuda. Además, conocía muy bien el terreno y, al aire libre, era mejor rastreadora que Canina, que las superaba a todas en túneles y cuevas.

Así, el equipo de rescate se puso en marcha. Tóxica, Blindada y Cabra Negra formaban un curioso trío. Aunque eran welclones, las diferentes hibridaciones y mutaciones a las que fueron sometidas les aportaban importantes diferencias en su aspecto físico y características. Tóxica recordaba en su tonalidad de piel y sus colmillos a una serpiente; Blindada era una de las más fuertes, con una musculatura desarrollada que sería la envidia de cualquier modelo de fitness, y que le aportaba una fuerza superior a la que parecía, además, su piel tenía una capa que cubría todo su cuerpo y que estaba formada por una sustancia de tono plateado que le proporcionaba una armadura subdérmica muy resistente. Era casi como si tuviera la piel metálica. La tercera componente del grupo, Cabra Negra, por su parte, tenía la piel negra como el carbón, cuernos y pezuñas de cabra y unas curvas voluptuosas que dejaban sin aliento. Además, tenía una facilidad natural para tratar con la progenie de Shub-Niggurath. Las tres, que parecían un trío de superheroínas mutantes inhumanas, vestían unas camisetas amplias con el logo de La Llave y la Puerta, shorts y calzado para senderismo. Como era habitual en Welcome, su primigenia, y tal y como les había inculcado, todo era ropa cómoda y funcional. Así, las tres partieron siguiendo la ruta que les habían indicado a los turistas desaparecidos.

Cuando estuvieron a suficiente distancia del pueblo, Cabra Negra convocó a un Retoño Oscuro de Shub Niggurath que no tardó en aparecer entre la floresta. Era una criatura enorme, grande como un árbol, que, además, se parecía a uno. Su piel o corteza era negra y se sostenía sobre unas gruesas patas de cabra. Por todo su tronco o cuerpo se abrían bocas babeantes que gemían y aullaban y de la parte superior de su cuerpo surgían largos tentáculos como ramas que se agitaban. A plena luz del día y en campo abierto no había forma de confundirlo con otra cosa, pero en la oscuridad, de noche, quieto y en silencio, podía pasar por un grotesco y nudoso árbol. El horror de los bosques recogió a las tres con sus tentáculos y las subió sobre su cuerpo. Así podrían avanzar más rápido y tendrían un punto de visión elevado.

La ruta que estaban siguiendo era una de las que las welclones habían establecido como rutas seguras para hacer excursiones: pasaban por paisajes pintorescos y característicos de la región, evitaban accidentes del terreno que podrían ser peligrosos y se alejaban de las granjas que podrían servir como escenarios para nuevas entregas de La matanza de Texas o Las colinas tienen ojos sólo por su aspecto. Por suerte, los habitantes de la comarca habían acogido favorablemente los cambios introducidos por las chicas, y sólo algunas zonas más alejadas seguían siendo problemáticas.

De vez en cuando, Cabra Negra descendía para estudiar el terreno y hacer un poco de labor de rastreo en la senda. Al principio todo iba bien, los turistas parecían haber seguido el camino, haciendo paradas ocasionales, pero nada fuera de lo normal. Cuando pasaron cerca de una granja, las mujeres se acercaron a preguntar. El granjero y su esposa, habitantes de la zona no hibridados y escasamente afectado por la endogamia, las recibió contento, pues siempre era un placer para él tratar con las mozas de la Cabra Blanca, como las llamaban popularmente. Tras hablar un poco con él e interesarse por las novedades de la granja, pasaron al tema en cuestión. Afortunadamente, su mujer sí que había visto a la pareja de turistas, que se habían mostrado curiosos, sorprendidos por la vida en el campo y algo molestos. Preguntaron algunas indicaciones y siguieron su camino, aunque la esposa tenía la impresión de que se iban desviando poco a poco de la senda para tomar una dirección poco recomendable.

Siguiendo la nueva ruta, se percataron de que los susodichos turistas iban camino de Cold Spring Glen, una cañada espectacularmente infestada de vegetación lujuriante y anómala que fue, en su tiempo, lugar de refugio para el Horror de Dunwich. Y, los muy memos, en lugar de seguir la ruta marcada, se habían desviado hacia allá. Gracias a la velocidad extra que les aportaba el retoño oscuro, no tardaron mucho en llegar allí. El lugar era siniestro incluso a la luz del día, y había que ser muy estúpido para meterse ahí dentro alegremente existiendo sendas alternativas. Pero los rastros que había encontrado Cabra Negra eran inconfundibles: los turistas se habían metido de cabeza en Cold Spring Glen. Así pues, las tres clones y el retoño oscuro se introdujeron en la siniestra cañada.

A medida que se adentraban en el accidente del terreno, se sumergían cada vez más en una lúgubre penumbra que ninguna luz del sol podría iluminar, pues las plantas formaban un espeso entramado que cubría aquel lugar. En algún lugar, en el interior de ese tenebroso y recóndito barranco, aguardaban los turistas perdidos. Por ello, las welclones no iban a desfallecer.

Poco después de desaparecer por completo entre las tinieblas y la lujuriante y espesa floresta, comenzaron a escucharse extraños ruidos. Algunos parecían sugerir una despiadada y feroz lucha cuerpo a cuerpo, otros sonaban como extraños ladridos y gruñidos, o, incluso, alaridos que era difícil saber si eran de dolor o placer. La voz de Cabra Negra se alzó gritando "¡Los ángulos! ¡Los ángulos!". A continuación hubo silencio durante medio minuto antes de reanudarse los sonidos de pelea y escucharse una invocación a Shub-Niggurath. Una carcajada diabólica precedió a Tóxica proclamando "¡Tienen hambre y sed! ¡Los Perros de Tíndalos!" seguido de unos extraños gruñidos y más ruidos de lucha. Tras esto se escuchó fue una voz que parecía extraña, inhumana, sibilante, como producida por un enjambre de abejas. De repente, dos hongos de Yuggoth surgieron de la espesura tratando de llevarse volando a Blindada. La fornida welclon se resistía y, en un alarde de flexibilidad y fuerza, logró retorcerse hasta girar sobre sí misma y asestar una patada a ambos seres alienígenas, provocando que la soltaran y cayeran los tres nuevamente bajo la espesa cobertura vegetal. Un nuevo alarido de dolor y un grito de "¡Me han mordido el culo!" procedente de la mujer de la pareja de turista perdidos se escuchó cerca ya del otro extremo de Cold Spring Glen.

Finalmente, tras algo de movimiento de vegetación, los dos huespedes desaparecidos surgieron con la ropa algo sucia y con diversas muestras de flora autóctona por encima, con ella agarrándose una nalga. Tras ellas, Blindada, con expresión molesta mientras arrastraba tras de ella un hongo de Yuggoth agarrado por las alas. A continuación emergió Tóxica, farfullando sobre los estúpidos turistas que se pierden y sobre mordeduras para hacer avanzar a las idiotas que se entretienen con tonterías y sobre lo afortunadas que eran de que ella no hubiera usado su veneno, sólo sus colmillos. Y es que pararse a contemplar una flor mientras un perro de Tíndalos anda tras ellas no era una buena idea precisamente. Otra cosa era averiguar como demonios había acabado uno de esos horrores en el fondo de Cold Spring. Finalmente apareció Cabra Negra con aire meditabundo. Las tres llevaban las ropas bastante destrozadas, rasgadas y sucias, pero era la tercera welclon la que parecía haberse llevado la peor parte en la pelea, o al menos su vestuario. Cuando se alejaron, surgió del barranco el retoño oscuro al que habían llamado, que optó por tomar otra senda. Mientras tanto, Tóxica se encargaba de avisar vía móvil a la recepción para que enviaran a alguien a buscarlas. Era el segundo día del grupo y ya se les habían perdido una pareja de turistas por no saber seguir unas sencillas indicaciones. Y todo porque si no les ponían un GPS no sabían donde estaba la izquierda y donde la derecha. Lamentablemente, aun les quedaba el mes de agosto y mucho verano por delante. Pero, de momento, ya habían logrado solucionar el incidente.