sábado, 10 de junio de 2017

Barman in Arkham

Ante las puertas del Banco de Arkham, el delincuente pensó que aquello sería un trabajo fácil. Era un banco en una ciudad pequeña y él había realizado atracos en grandes ciudades del país y había salido de rositas. Un pequeño banco en una ciudad perdida de Nueva Inglaterra no sería ningún problema para él. De hecho, se estaba preguntando para qué se había llevado la pistola. Traspasar las puertas no fue ningún problema, lo que acrecentaba su seguridad de que aquello ya estaba hecho. La pequeña cola de gente que esperaba para ser atendida en la caja era muy pequeña. Pensó que no merecía la pena esperar y sacó la pistola alzándola al aire y dando dos tiros al techo.

-¡Atención! ¡Esto es un atraco! -exclamó el delincuente.

Los clientes del banco dieron un respingo y agacharon la cabeza. Alguno intentaba esconderse donde fuera. Los cajeros miraban atónitos al atracador. Era la primera vez que alguien trataba de robar en el Banco de Arkham.

-Vamos, quiero todo el dinero que...

La frase del delincuente no pudo terminar porque algo parecido a un garfio se le enganchó en la goma de los calzoncillos que le sobresalía de los pantalones. Este garfio estaba unido a una fuerte cuerda que había atravesado el cristal de la puerta del banco y arrastró al atracador a la calle.

-¡Eh! ¡¿Quién va a pagar esa puerta rota?! -exclamó uno de los cajeros. En una ciudad donde solía haber dioses, seres primordiales y otras cosas raras, se estaba esperando a que pasara algo parecido "¿a quién se le ocurre atracar un banco de Arkham?".

En el exterior del banco, el atracador sintió que la cuerda le tiraba a lo alto del edificio, hasta dejarle ante la presencia de un escalofriante individuo disfrazado de murciélago... ¡¡¡y con cara de murciélago!!!

-¡¿Qué demonios eres?! -exclamó el delincuente.

De la boca del ser surgió una potente voz.

-Soy La Justicia.



En la residencia estudiantil La Llave y La Puerta estaban preparándose para la temporada veraniega. Los exámenes finales eran por esas fechas, así que pronto los alumnos dejarían sus habitaciones para los que vinieran para los cursos de verano, o pera el uso turístico que ofertaban en los meses de vacaciones. La idea que tuvieron el año anterior con la alcaldía relacionada con el turismo de dioses podía dar muchos beneficios. Eso sí, esperaban que no ocasionaran muchos problemas.

Summanus estaba con Harvey Pickman echando un vistazo al folleto que les había pasado la oficina de turismo. Llevaba unos días de tranquilidad. Desde que Robert Pickman había vuelto de su particular viaje a los túneles de Arkham, parecía haberse olvidado de él, y no le iba siguiendo todo el rato intentando grabarle o destapar su herencia reptiliana. No es que él se fuera a quejar. De hecho, ojalá siguiera así.

-Aún me estoy preguntando si esto nos traerá problemas o no  -dijo el dinosauroide.

-Vamos, Summanus. Con lo bien que se habla de la ciudad en el ElderGodBook, esto es un negocio seguro. Con que no venga ningún dios con ganas de bronca o algún primigenio buscando sacrificios, no debería pasar nada.

-Claro, porque aquí en Arkham nunca viene nadie con ganas de bronca... o buscando sacrificios... o se lleva toda la ciudad a otra dimensión.

-Eres muy pesimista, Summanus. Además, los alumnos de la Miskatonic también la lían de vez en cuando.

-Claro, me vas a comparar el jaleo de unos estudiantes borrachos con la ira de un dios desatado.

Harvey fue responderle que la variedad de estudiantes que había en la Miskatonic a veces llevaba a problemas mayores de los que podía llevar un estudiante de cualquier otro lugar del mundo, pero de repente, la puerta que daba entrada a la residencia estudiantil se abrió de golpe haciendo que los dos alzaran la cabeza en esa dirección. En la entrada de la residencia había un individuo vestido con un traje oscuro y una capa que parecía unas alas de murciélago. El tipo en cuestión tenías los rasgos distintivos del descendiente de alguien que ha tenido relaciones con Tsathoggua, por lo que Harvey no tardó en reconocerle. Se trataba de Barman, El Camarero Oscuro. Había ayudado en todo el jaleo de Dunwich cuando secuestraron a Welcome y, por lo que sabía, se había quedado en la ciudad para luchar contra el crimen. Su área de trabajo era Dunwich y las granjas que rodeaban la ciudad, así que no tenía ni idea de qué hacía en Arkham.

El Camarero Oscuro se acercó a la mesa en la que estaban Summanus y Harvey de la forma más solemne posible y se plantó ante ellos.

-Bueno ¿qué trae al superhéroe más famoso de Dunwich a nuestra preciosa ciudad? -preguntó Harvey.

-Un peligroso criminal ha huído de Dunwich. Todas las pistas apuntaban a que se dirigía a esta ciudad y las welclones me han recomendado vuestro asesoramiento -respondió El Camarero Oscuro con su potente voz.

-¿Y cómo podríamos asesorar nosotros a un superhéroe? -le dijo Harvey extrañado. Ellos no se solían enfrentar a criminales ni nada parecido.

-Porque ese criminal es un mago mutante adorador de Yog-Sothoth que se cree que sacrificando a vírgenes traerá a su señor a este mundo. -respondió el superhéroe.

Harvey torció el gesto.

-Ese tipo de gente hace que a los sacerdotes de Yog-Sothoth se nos mire mal...

-¿Y qué crees que está haciendo en la ciudad? -preguntó Summanus.

-Está claro. Busca vírgenes para sacrificar. En Dunwich lo tiene difícil para encontrar alguna -respondió El Camarero Oscuro.

-Pues aquí tampoco encontrará a ninguna, que esto es una residencia estudiantil, que se folla más que se estudia -dijo Summanus.

-Pero estará buscando un lugar donde habrá vírgenes -dijo El Camarero Oscuro. -Vosotros sois de aquí ¿dónde buscaríais una virgen para sacrificar a un dios?

-Creo que tengo una respuesta para eso -dijo Harvey con una sonrisa.


Iglesia de la Santa Castidad. Un buen rato después.

 Harvey Z. Pickman, Summanus, y El Camarero Oscuro estaban en lo alto de la Iglesia de La Santa Castidad, escondidos entre sus torres. Hacía rato que había comenzado una misa y el templo estaba lleno de feligreses.

-Estoy seguro de que este es su objetivo -dijo Harvey. -Los que van a esta iglesia son de esos que llevan anillo de castidad y todo.

-¿Y yo qué tengo que ver con este asunto? Tengo trabajo en la residencia -preguntó Summanus.

Harvey se le quedó mirando unos instantes.

-Tú eres el que nos ha seguido hasta aquí.

-Es que íbamos hablando, y claro, no me he dado  cuenta... eh...

-¡Silencio! -exclamó El Camarero Oscuro con su potente voz. -Creo que nuestro objetivo se acerca.

El superhéroe señaló hacia un lugar de la calle que conducía a la iglesia y Harvey y Summanus vieron a alguien abotargado que se iba acercando. De lejos parecía alguien alimentado a base de comida rápida, pero según se fue acercando, quedó claro que no era simplemente un tipo gordo. Se trataba de un individuo de piel grisácea, tirante, como si lo hubieran inflado. Tenía un brazo más ancho y musculoso que el otro, al igual que sus piernas parecían dos patas de paquidermo. Estaba totalmente calvo y su cara parecía surgir de un montón de pliegues de piel. Por lo demás, vestía como un típico habitante de Dunwich, con ropas de granjero, pero que parecían a punto de explotar ante el montón de carne que intentaban tapar.

-¿De dónde ha salido esa cosa tan asquerosa? -preguntó Summanus arrugando la cara.

-Os he dicho que es un mutante. Él cree que su padre es Yog-Sothoth y por eso tiene esa forma, pero es una historia que le contó su madre, que era un poco lerda y plantó remolachas en la zona en la que había estado el laboratorio de investigación que destruimos. Las remolachas hicieron que se convirtiera en ese ser informe, pero su madre -que realmente estaba liada con el vecino de enfrente- prefirió decirle que su padre era un dios.

-¿Veis? Lo que he dicho -se quejó Harvey. -Esa es la gente que hace que nos miren mal a los sacerdotes de Yog-Sothoth. Cuando cualquier paleto tiene un hijo con quien no debe, se acuesta con la criatura alienígena que no debía, o se come la comida mutada que no debe, y dice que la culpa es de Yog-Sothoth, que ha hecho que el niño le salga así. El Que Legisla está harto de demandas de paternidad por parte de paletas de esas.

-Sí, la cuestión es que éste en concreto se lo creyó todo y estudió toda la magia que pudo. Eso, sumado a que su familia destila su propio licor, lo convierte en un enemigo muy peligroso -explicó El Camarero Oscuro.

-¿Y qué estamos aquí mirando cuando podemos estar deteniendo a ese idiota? -preguntó Harvey.

El Camarero Oscuro entendió eso como una señal para el ataque, y sacó de su cinturón la pistola con el garfio, disparó al edificio de enfrente, y se deslizó ágilmente, moviendo su capa como si fueran unas alas. Cuando estuvo casi encima del mutante, se dejó caer, mientras sacaba de su cinturón algo parecido a un boomerang, con el que atacó.

-¡¡¡Aaaaaah!!! Bloooogh, waaaah ugggh glebbom -surgió de entre los pliegues de piel que sugerían la cara del mutante.

-¿Eso qué es? ¿Un hechizo? -preguntó Summanus.

-No -respondió Harvey. -Eso es que va hasta arriba del licor casero que fabrica en casa.

El Camarero Oscuro lanzó varios ataques al mutante, pero éste se movía más rápido de lo que se podría imaginarse al ver su masa de carne, y esquivó como si se tratara de bailarín de ballet. De los pliegues de su rostro comenzó a surgir un cántico en algo que parecían palabras escupidas desordenadamente.

-¡Oh, amigo! Eso sí que es un hechizo -dijo Harvey. -Y aquí es donde creo que entro yo.

Harvey se concentró y comenzó a realizar una serie de movimientos con sus brazos y dedos mientras murmuraba algo que Summanus no pudo escuchar. El Camarero Oscuro realizaba ataques de artes marciales para evitar que el mutante llevara a cabo el hechizo, y, repentinamente, una especie de nube de colores comenzó a formarse sobre el enemigo. El mutante alzó la cabeza cuando detectó lo que estaba apareciendo sobre él, pero no le dio tiempo a hacer nada. Unos rápidos tentáculos surgieron de la nube multicolor y agarraron por todas partes al mutante. Uno de los tentáculos le tapó la boca para evitar que siguiera con su cántico. Antes de que pudiera hacer nada, los tentáculos lo absorbieron a la niebla y, con un estruendo, esta desapareció. El Camarero Oscuro se quedó mirando desde donde estaba hacia Harvey con una mirada que no parecía indicar que estuviera muy contento. Lanzó otro arpón a escasos metros de Summanus y se lanzó allí, aterrizando como el que hiciera esto todos los días.

-¡¿Por qué lo has matado?! -exclamó El Camarero Oscuro. -Debíamos llevarlo ante la justicia.

-Y eso he hecho. Al otro lado de esa nube había unos cuantos servidores de los Otros Dioses. Se han llevado a tu amigo el mutante ante una justicia mayor que la nuestra. Una a la que no le hará gracia que vaya por ahí sacrificando vírgenes en nombre de Yog-Sothoth. Y no te preocupes, no lo matarán... ya le gustaría a él que fuera así.

En ese momento, pareció terminar la misa, y las puertas de la iglesia se abrieron dejando salir a una multitud de personas bien vestidas y, como se había comentado, algunos de ellos con anillos de castidad.

-Habéis salvado a esa panda de meapilas -dijo Summanus. -¿Para qué discutir?

-Bueno -dijo El Camarero Oscuro. -Mi trabajo aquí ha terminado. Vuelvo a Dunwich antes de que alguno de mis enemigos aproveche mi ausencia.

-¿Eh? -exclamó Summanus -¿Ni te vas a despedir ni...?

El Camarero Oscuro ya no estaba allí. Summanus miró a Harvey con expresión interrogativa.

-¿Y cómo leches bajamos ahora de aquí?

-Pues muy fácil. Tú te puedes deslizar por la fachada. Yo soy un sacerdote de Yog-Sothoth de los de verdad, no como ese palurdo. Me las puedo arreglar solo.

-Bueno... pues vale... nos vemos abajo... o en La Llave y La Puerta... o yo que sé.

Harvey suspiró.

-¿Ves, Summanus, como te he dicho antes que hoy estabas muy pesimista?

De pronto, un Byakhee pasó sobre ellos, agarró de los hombros a Harvey, y se lo llevó en dirección a la residencia estudiantil ante la mirada de Summanus.

-Pues ya podía haber llamado a uno para mi -musitó el dinosauroide. Y comenzó a descender por la fachada de la iglesia, sin que a nadie pareciera importarle que alguien se estuviera deslizando por allí cual lagarto. Total, allí esas cosas eran habituales.