miércoles, 22 de julio de 2015

Gugodzilla


El vehículo se desplazaba por el norte de la región central de Massachusetts, tomó un desvío poco habitual al llegar al cruce con la carretera de Aylesbury nada más pasar Dean's Corners, adentrándose así en una extraña y poco poblada comarca. El terreno se iba haciendo más escarpado y las paredes de piedra cubiertas de maleza iban encajonando cada vez más la sinuosa carretera que, en otro tiempo, había sido poco más que un camino de tierra. Los árboles de los bosques eran allí de unas dimensiones excesivamente grandes, y la maleza, las zarzas y la hierba alcanzaban una frondosidad poco habitual y rara vez vista en regiones habitadas. Por el contrario, los campos cultivados eran muy escasos y áridos mientras que las pocas casas diseminadas a o largo del camino presentaban un aspecto de decrepitud, suciedad y ruina. Mientras recorrían un recodo del camino que cruzaba una extensión boscosa, el conductor del coche y su acompañante vieron una enorme figura negra que parecía una monstruosidad arbórea que se alzaba sobre cuatro gruesas patas acabadas en pezuñas caprinas y cuyas ramas parecían tentáculos que sostenían un cartel en el que se podía leer, con caligrafía temblorosa, “A Arkham”.

-¡¿Pero tu has visto eso?! -exclamó sorprendido Seabury Pickman al pasar frente al Retoño Oscuro de Shub-Niggurath que estaba haciendo autoestop ante la impasibilidad de Harvey, su hermano, que conducía tranquilamente sin prestar excesiva atención al horror frente al que acababan de pasar. Éste, con voz calma, le respondió:

-Sí, pero no podemos recogerle ahora. Para empezar vamos hacia Dunwich, y, además, necesitaríamos un camión, en este coche no cabe. Con el poco tráfico que viaja por estas carreteras, va a tardar en encontrar a alguien que lo recoja. Habrá que avisar a Ana o a Brontes, a ver si se pueden acercar, porque como se enteren los de la Fundación Wilmarth, le meten una bomba.

-Pero, pero, pero... ¡Pero si es un horror arcano alienígena! ¡¿Y quieres ayudarle a llegar a Arkham?!

-Sí, ¿por qué no? Esta comarca está bastante deprimida económicamente y es normal que sus habitantes busquen la prosperidad en la ciudad.

-Ah, vale.

Ciertamente, la región de Dunwich nunca había logrado alcanzar un alto grado de prosperidad, y los acontecimientos desarrollados en 1928 por las acciones de una rama degradada de la familia Whateley no habían ayudado. La comarca, sumida en la degradación, el empobrecimiento y la endogamia, ni siquiera había logrado atraer la atención del turismo rural, pese a poseer pasajes de belleza abrupta pero fascinante. Ni siquiera la Miskatonic había tomado especial interés en la zona, particularmente desde el Horror desatado en los años 20 del siglo anterior. Sin embargo, pese a que era una parte del estado particularmente olvidada, se habían hecho esfuerzos por tratar de mejorar las infraestructuras, aunque esto se redujera a asfaltar los caminos de tierra y reconstruir algunos puentes que cruzaban el Miskatonic, que serpenteaba por la comarca de camino a Arkham. Durante mucho tiempo, la región de Dunwich había sido un foco pequeño pero significativo de los cultos de Tsathoggua y Yog-Sothoth, centrados en ramas degeneradas y endogámicas de antiguas familias. Sólo el desconocimiento general de esto había provocado que la región se convirtiera en escenario natural para películas de terror. Ni siquiera el movimiento hippie durante su etapa de máximo auge había logrado establecer allí alguna comuna mínimamente decente. Era curioso que, incluso los escasos retoños oscuros que habitaban aquellos parajes buscaran mejor suerte en la ciudad. La única muestra de interés por la región había sido la construcción de unas instalaciones por parte de BioGen, una oscura empresa de ingeniería genética que estaba interesada en estudiar la endogamia y las particularidades de la vegetación de la zona. Sin embargo, hasta el momento sus actividades habían llamado apenas la atención y el contacto con la Miskatonic era escaso.

Aquel día, Seabury estaba aprovechando la calma estival para hacer una excursión a la zona de Dunwich. Tenía interés por examinar con más detalle los extraños círculos de piedra que coronaban algunas de las colinas de la región. Por ello, y aprovechando que su hermano también parecía ocioso, le convenció para que le llevara. De paso, el detective podía aprovechar para investigar los rumores que le habían llegado sobre avistamientos de un big foot en la región.

Realmente Harvey no creía semejantes tonterías, pero nunca estaba de más asegurarse, no fuera que alguien hubiera estado hurgando en libros prohibidos, realizando ceremonias prohibidas e invocando seres prohibidos, para acabar teniendo relaciones sexuales prohibidas y acabar con un nuevo Horror de Dunwich. Así que aceptó la invitación de Seabury para hacer un viaje por la zona. No esperaba nada del otro mundo, y el encontrar al retoño oscuro haciendo autoestop tampoco le preocupó especialmente, tal vez hubiera sido el avistamiento de alguno de estos seres lo que había provocado los rumores, pero era mejor asegurarse.

A medida que se aproximaban al pueblo de Dunwich, o lo que quedaba de él tras décadas de endogamia y decrepitud, un temblor del suelo comenzó a poner nerviosos a ambos hermanos. Las vibraciones no eran particularmente fuertes, pero si capaces de hacerse sentir aun con el vehículo en marcha y recorriendo la carretera que cruzaba aquella comarca. Sin embargo, eran cada vez más intensas, como si algo grande y pesado se desplazara hacia ellos. De entre la espesura se alzó una zarpa negra y peluda, de unas tres cuartas de anchura, provista de terribles garras. Apareció otra, y después un brazo enorme al que estaban unidas ambas zarpas por dos cortos antebrazos. A continuación, entre la espesura de las ramas surgió una cabeza de pesadilla, del tamaño de un barril, con dos ojos rosados que sobresalían unos 5 centímetros, protegidos por protuberancias óseas cubiertas de pelo encrespado. Pero lo más terrible de aquella monstruosa testa era la boca, provista de enormes colmillos amarillentos, que recorría la cabeza de arriba abajo, abriéndose en vertical. Se trataba de un gugo, un gigante de las Tierras del Sueño. Por algún extraño motivo, aquel ser había logrado llegar al mundo de la vigilia, aunque, afortunadamente, lo había hecho en una región poco poblada, donde representaba un peligro menor. Sin embargo, no dejaba de constituir una amenaza, tanto para los habitantes de aquella comarca como para las poblaciones vecinas. Podía ser detenido, pero para ello necesitaban un despliegue de artillería que no llevaban consigo.

Harvey frenó bruscamente y dio la vuelta al coche. Podía avisar a la Fundación Wilmarth, y sería problema de ellos, que seguramente solucionarían poniendo una bomba o haciendo algo por el estilo. Pero acabarían por causar bastantes daños, cosa que al detective no le hacía particularmente gracia. Tenían que buscar la forma de detener al coloso antes de que causara auténticos problemas, si no lo había hecho ya. Rápidamente trató de pensar en alguna solución, pero no había nada que pudiera hacer así de improviso, salvo alejarse de allí lo más rápidamente posible, regresar a la ciudad y allí aprovisionarse con todo lo necesario para acabar con aquel monstruo o devolverlo a las Tierras del Sueño. Tal vez Araknek pudiera ayudarles, pero primero tenían que volver.

Seabury, por su parte, menos acostumbrado que su hermano a estos seres, trataba de mantener la calma. Aquel gigante era una auténtica amenaza y sabía que debían hacer algo, aunque por el momento sólo podían regresar. Por suerte, Harvey no se lo pensó mucho y enfiló la carretera de regreso a Arkham, no sin antes darse cuenta de que el gugo los había visto y comenzó a perseguirlos lanzando terribles rugidos y tratando de atraparlos con sus zarpas.

-Genial -suspiró Seabury-, ahora toca una escena de persecución. Aquella carretera no era el mejor escenario para circular a gran velocidad, así que Harvey hizo lo que pudo mientras tomaba las curvas lo más rápido que podía sin ponerse en verdadero peligro. Cuando llegaron hasta donde estaba el retoño oscuro autoestopista, éste les vio pasar de nuevo, sorprendido, pero cambió rápidamente de “expresión” al ver corriendo tras ellos al gugo. Se le pusieron los tentáculo de punta y comenzó a correr a tal velocidad que no tardó en alcanzar al vehículo.
Pero el gigante no estaba dispuesto a dejar escapar a sus presas, por lo que arrancó un árbol de raíz y lo lanzó para que aterrizara frente al vehículo y el horror arbóreo de Shub-niggurath. Aunque Harvey no era mal conductor, apenas logró frenar a tiempo, por lo que no puedo evitar el impacto contra el árbol arrojado por el gigante. Por suerte, no fue demasiado fuerte el choque, por lo que sólo quedaron aturdidos. El autoestopista, por alguna razón, decidió que sería mejor que trabajaran juntos, por lo que les ayudó a salir del coche accidentado mientras el gugo se aproximaba. Los tres, viéndose ante tan terrible situación, decidieron unir fuerzas para derribar al coloso.

Mientras el ser de las Tierras del Sueño se aproximaba, sonó un potente trueno al tiempo que en el firmamento, a gran altura, se abría lo que parecía una brecha en la realidad sobre el gigante. Por ella descendió en caída libre una figura que parecía gritar algo. A medida que se hacía audible e inteligible por la caída, sonaba algo así como:

-¡Hijopuuuuutaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!

El gugo, al darse cuenta de que aquella figura caía justo sobre él, abrió por completo su boca dispuesto a devorarla. Cuando lo hizo cerro las fauces de golpe, pero antes de que pudiera hacer nada más, pareció progresivamente sorprendido, desconcertado, dolorido, muy dolorido, sufriendo una agonía horrible y, finalmente muerto, mientras de su boca manaba sangre y entre las piernas del ser se abría paso la criatura a la que había devorado. Cubierta por la baba, sangre y otros jugos ignotos del cuerpo del gugo, surgió un ser humanoide, que juraba como un marinero, ataviado con una cota de escamas, un casco de hierro con frontal, de diseño vikingo, un amplio cinturón de cuero del que colgaba una vaina, una capa, pantalones y unas botas altas de gruesa y dura piel. En su mano derecha empuñaba una espada de color negro con un diseño plateado que recorría la hoja. Bajo el casco, asomaba una trenza rubia, y el contorno del torso, así como el timbre de la voz, indicaban que se trataba de una mujer.

-¡He vuelto a nacer! -exclamaba la chica tras haber atravesado de parte a parte al monstruo.

Mientras Harvey, Seabury y el retoño se recuperaban de la impresión, la guerrera nórdica se puso en pie y trató de escurrirse parte de la porquería que la cubría. No era tarea fácil, y tanto las ropas como ella misma, necesitarían unas buenas sesiones de lavado antes de volver a estar en condiciones. Sin embargo, tanto la figura como la voz les resultaban familiares a los Pickman. Finalmente fue Seabury el que habló:

-¡¿Welcome?! ¿Eres tú?

La chica les miró, sonrió y se quitó el casco, revelando la atractiva cara de Evangeline Parker.

-Welcome strangers, ¿cómo va todo? Delta Wave Welcome a vuestro servicio. Y ahora, ¿qué tal si apartamos ese tronco y si el coche aun funciona regresamos a Arkham? Necesito una ducha pero ya.

Seabury y Harvey se miraron y, simultáneamente, se encogieron de hombros. Todo aquello necesitaba una explicación, pero sería mejor tenerla en La Llave y la Puerta, con calma y tiempo. Sin duda tenía que haber una razón lógica para que de repente Evangeline hubiera caído del cielo, literalmente, y atravesara de parte a parte un gugo con aquella extraña espada. Mientras, con la ayuda del retoño oscuro, retiraron el tronco, pero el coche parecía no querer arrancar. Welcome, o Delta Wave Welcome, al comprobar que el vehículo iba a dar problemas, desenvainó la espada, la enarboló sujetándola con las dos manos y lanzó un mandoble que cortó la realidad. Aquello dejó sin palabras a los hermanos. Al otro lado de la rasgadura podían ver la residencia. Juntos, empujaron el coche por la grieta espacio-temporal y tanto ellos como el retoño aparecieron junto a La Llave y la Puerta. Ciertamente todo aquello iba a necesitar una explicación.