miércoles, 24 de junio de 2015

El regreso de los Yithianos

Harvey Pickman se sentía extrañamente optimista, incluso sonreía abiertamente y se permitía lanzar alguna que otra sonora carcajada mientras caminaba tranquilamente por la calle. Tras los desastrosos acontecimientos del encuentro con el alcaldable, y la breve pero relajantemente tranquila y sin sobresaltos ceremonia en honor del recientemente fallecido Sir Christoper Lee, todo parecía ir bien. Alguien más suspicaz habría sospechado que todo iba demasiado bien, y ese alguien era Harvey. Sin embargo, acostumbrado a la montaña rusa que podía ser la vida en Arkham, sabía que habían que aprovechar y disfrutar de esos momentos de paz. Por ello, ya que los estudiantes estaban demasiados concentrados en sus exámentes y demás tareas docentes, y el comienzo del verano parecía haber pacificado la ciudad, al menos temporalmente, decidió poner en marcha algo que había pospuesto demasiado tiempo: reanudar los contactos con la pequeña comunidad yithiana de Arkham.

La Gran Raza de Yith eran unos seres alienígenas capaces de proyectar su mente en el tiempo, para intercambiar sus cuerpos con un habitante de otras épocas en un extraño programa de intercambio científico. El yithiano que se trasladaba se dedicaba a acumular todo tipo de conocimientos y saberes de la época, y la mente abducida recibía la invitación a poner por escrito el total de su saber. Y, puesto que estos seres eran pacíficos y tenían un mero interés científico en todo este asunto, los Pickman habían optado por no intervenir y dejar que se ocuparan de sus propias cuestiones. En la Miskatonic, así como en otros sitios donde tenían por costumbre realizar estos “intercambios”, contaban a menudo con un pequeño culto de magufos chiflados que les apoyaban. Generalmente eran inofensivos, y, por suerte, no habían llamado demasiado la atención de Robert Pickman. O simplemente el crédulo pariente de Harvey estaba demasiado ocupado con sus propias teorías conspirativas y su manía de vigilar a Summanus.

En cualquier caso, al detective de lo oculto le gustaba mantenerse al día de las actividades y movimientos de los distintos colectivos de entidades alienígenas, extradimensionales y demás seres sobrenaturales que pululaban por Massachusets, sobretodo en la zona de Arkham. Durante la última navidad, los Pickman organizaron una cena en la residencia a la que acudieron los representantes de los diferentes colectivos que más presencia tenían en la zona: desde Innsmouth, un sacerdote de la Orden Esotérica de Dagon y su mujer, ambos profundos; unos gules desde el cementerio más cercano; El que Legisla tras el Umbral, el abogado primigenio de La Llave y la Puerta; el cíclope Brontes, dios griego del trueno y profesor emérito de Ingeniera Dimensional; Nyarlathotep, que se presentó como el Faraón Negro con todo un séquito formado por dos guardias nubios y un grupo de sensuales esclavas desnudas; y, por supuesto, los yithianos, que, por algún tipo desfase o lag temporal, no acababan de acertar con la moda, y habitualmente aparecían vestidos con ropa que les hacía llamar bastante la atención. Sin embargo, la cena no había acabado demasiado bien, ya que estalló una guerra de comida y los yithianos se fueron bastante descontentos.

Durante los últimos meses, los diferentes vaivenes, desastres  demás acontecimientos que se habían convertido en la “normalidad” en la ciudad de Arkham, habían provocado que los Pickman estuvieran lo bastante ocupados como para no poder ocuparse debidamente de reanudar las relaciones con estos alienígenas crono - viajeros, por lo que el asunto se había quedado aparcado. Hasta que, finalmente, Harvey había aprovechado ese lapso de tranquilidad, que sabía que no iba a durar demasiado, para así retomar este asunto. Y hacia una cafetería próxima a la universidad se dirigía. Había elegido aquel local porque estaba lo bastante alejada de la Miskatonic y la residencia como para no verse demasiado afectados por cualquier lío de última hora, pero lo bastante próxima como para que los yithianos con sus llamativas vestimentas no llamaran demasiado la atención en comparación con los estudiantes: una panda de hipsters, nerds, magufos, aprendices de Aleister Crowley, barbies y kens universitarios y demás fauna propia de una institución educativa. Y tal como esperaba, no le decepcionaron: una mujer negra ataviada como una pin up de los años 50, y un hombre blanco que había copiado el estilo James Dean. No los conocía personalmente, ya que los representantes de los yithianos habitualmente eran dos sujetos que parecían haber surgido de una fantasía conspirativa de hombres de negro o de una oficina de mediados del siglo XX, pero se alegró por el cambio. Tal vez con esta pareja fuera más fácil tratar. Estaban sentados en una mesa disfrutando de unos refrescos cuando vieron llegar a Harvey. El detective se acercó con una sonrisa en la cara y se presentó:

-Hola, soy Harvey Zoltan Pickman, detective ocultista y representante de La Llave y la Puerta. Encantado de conocerles.

Tendió una mano que los yithianos miraron con ligera confusión y que luego tomaron con suavidad, como si no estuvieran muy seguros de si lo hacían bien. “Seguramente son nuevos y llevan poco tiempo en esta época” pensó para sí Harvey. Los dos se presentaron con el nombre sus “identidades civiles”: Amanda Ashford y John Rice. Tomaron asiento y se dispusieron a hablar. La conversación se desarrolló de forma fluida, al principio sobretodo por parte Harvey, quien trató de hacer que se sintieran cómodos los dos yithianos. Fue explicándoles como funcionaba la vida en la residencia y la universidad y hablándoles de la actividad que realizaban los Pickman para tratar de mantener un equilibrio entre las diferentes facciones sobrenaturales, extra dimensiones y alienígenas que ejercían sus actividades en la zona. Por supuesto, mencionó a la Fundación Wilmarth (“una jodida molestia”), y su obsesión de combatir a estas mismas facciones, aunque con una mezcla de inocencia, terquedad, estupidez y mala puntería proverbiales que hacía que su índice de éxitos real fuera asombrosamente bajo. Poco a poco, los dos yithianos comenzaron a soltarse y tomar parte más activa en la conversación. Se excusaron por el tema de que sus compañeros que fueron a aquella cena navideña fueran más estrictos y hubieran reaccionado así.

Todo iba bastante bien cuando se inició lo que Harvey denominaba el “factor Arkham”: tarde o temprano alguien la liaba en esa ciudad. En este caso, ese alguien consistía en una bicicleta que pasó a toda velocidad por la calle, haciendo sonar el timbre de forma frenética, algo que sonaba como un camión en marcha desplazándose muy rápido, una voz femenina demasiado familiar lanzando gritos, insultos e imprecaciones, y un caballo al galope cuyo jinete combinaba gritos en inglés, aklo y nórdico antiguo. Todo esto sucedió a espaldas del detective que ni siquiera se molestó en girarse para ver que estaba pasando: lo veía todo muy claro en las sorprendidas expresiones de los yithianos, que no parecían dar crédito a lo que veían.

-¿Acaba de pasar un tipo enorme ataviado como un hoplita heavy en una bicicleta enorme modificada, seguido por una chica ataviada de vikingo y armada con una espada montada en un tanque del tamaño de un utilitario y seguida a su vez por un guerrero vikingo pelirrojo sobre un enorme caballo negro?

La atónita y sorprendida Ashford apenas daba crédito a sus palabras al hacer esta pregunta a Harvey. De hecho, era exactamente lo que había visto, y es que, aunque el principal núcleo de actividad yithiana era la Miskatonic, estos habían pasado los últimos meses fuera, de viaje para contactar con otros alienígenas y cultos innombrables. A causa de ello, habían perdido temporalmente el contacto con la rutina de Arkham, y, como sospechaba Harvey, eran dos yithianos que llevaban poco tiempo en esta época, por lo que no se habían acostumbrado a los vaivenes de la vida diaria de la ciudad. De hecho, lo que había pasado es que Brontes estaba huyendo montado en su bicicleta adaptada a su peso y tamaño y modificada por él mismo. Tras él iba Welcome armada con la Cortatormentas y montada en uno de los minitanques del ejército RNLO recuperados y reparados tras la batalla con el equidna ciborg, y, tras ella, cabalgaba Loki montado en su destrero negro hijo de Sleipnir. ¿Por qué razón Brontes era perseguido por Welcome montada en un minitanque y armada con una espada matadioses del trueno que seguramente había arrebatado a Loki, quien corría tras ella para recuperarla? En cualquier caso, ya se enteraría si era algo importante. Mientras tanto, con una sencilla y amplia sonrisa, Harvey habló serenamente:

-Bienvenidos a un día más en la vida de Arkham. No se preocupen, que todo se acabará solucionando de una forma u otra y satisfactoriamente... para alguien. En cualquier caso, si hubiera algo que fuera lo bastante grave, empezaría a recibir llamadas al móvil para reclamar mi presencia.

En ese momento, la música de Anvil of Crom, de Basil Polidouris comenzó a sonar desde el smartphone de Harvey. Éste, sorprendido, sacó el teléfono del bolsillo, miró el número con expresión de desconcierto y descolgó.

-¿Sí?
-...
-Sí, soy yo, Harvey Zoltan Pickman, digame.
-...
-No, no me interesa.

Colgó de forma brusca y guardó de nuevo el teléfono.

-Falsa alarma, telemarketing, una de las plagas de nuestros días. ¿Por donde íbamos?

Harvey pidió nuevas bebidas, esta vez con alcohol, pues ayudaría a recuperarse a los yithianos, y siguió hablando con ellos. A fin de cuentas, fuera lo que fuera lo que estaba pasando, no le necesitaban para nada. Hacía un buen día, una temperatura agradable, y Brontes sabía de sobra que no valía la pena cabrear a Welcome, y la chica, por muy furiosa que estuviera, no haría al final ningún desaguisado importante, y el Herrero Mentiroso tendría que aprender que Evangeline era alguien con quien no valía la pena descuidarse. A fin de cuentas, probablemente fuera todo una trama elaborada por Loki, y un poco de animación no les iba a venir nada mal.

Cuando llegaron las bebidas, Harvey alzó la suya y brindó por un nuevo comienzo. Los dos yithianos, aun sin recuperarse por completo de la sorpresa, respondieron con gesto automático. El detective Pickman volvió a sonreir y siguieron hablando tranquilamente. A fin de cuentas, esto no era más que un día normal, pues la normalidad es aquello que no sale de los esquemas a los que se habitúa la gente. Y comparado con las cosas que habían pasado en la ciudad, aquello tampoco era tan raro. Echando la vista atrás, desde que abrieron las puertas de la residencia, se habían encontrado con gente que juega con temas que no comprende, un Devorador de Galletas extra dimensional, un grupo de seres cerdo que interrumpe una clase para secuestrar a un profesor, un aprendiz de re-animador que organiza una horda de pavos zombie, abogados de Yog-Sothoth, un fantasma salido, la fallida cena de navidad, una fiesta de fin de año en la que nunca se supo que había pasado, una temporada de exámenes movida por culpa de estudiantes dispuesto a todo por aprobar, una tormenta eléctrica que provoca un apagón general que hace que los despertadores y alarmas no funcionen, el “crimen” del Becario, el Thunder-verse en las Tierras del Sueño, la muerte de Terry Pratchett y la aparición de Pequeña T'auin, un fantasma de Canterville, la locura de Brontes con la Ilíada, el extraño viaje de Unglaublich a los túneles, el viaje nocturno de Welcome a las Tierras del Sueño, la batalla con el equidna ciborg del futuro alternativo y la muerte de Christoper Lee. Tras todo eso, una simple persecución por las calles de Arkham no es para tanto.

Más tarde, con los yithianos ligeramente ebrios y habiendo llevado la conversación a buen término, Harvey pagó la cuenta y les dejó, regresando a paso tranquilo a la residencia. Si realmente necesitaban su ayuda, no tardarían en localizarlo. Mientras, hacía un buen día y no era cuestión de dejar que se estropeara. A fin de cuentas, había conseguido su objetivo: reanudar relaciones con los yithianos.